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Bienvenido iniciado.
Tu trabajo es sencillo. Destruye ciudades. Siembra el caos. Invoca a una entidad cósmica incomprensible para que devore toda la existencia y acabe con todo lo que conocemos. Trabajamos de forma remota, así que trabajarás desde casa. No se trata tanto de una política, sino más bien de una cuestión de integridad estructural. Apunta con el ratón a los edificios y redúcelos a escombros. Lo aprenderás enseguida.

Cada estructura demolida es un bocado más para el Gran Devorador al que llamamos Papá. Cuando el bufé esté lo suficientemente grande, aparecerá y se encargará del resto. Algunos lo llaman horror cósmico. Nosotros lo llamamos magia espacial. Es lo mismo, pero con mejor imagen. ¡Manos a la obra!
Empuña poderes cósmicos inimaginables (y tu ratón) para demoler ciudades que se expanden sin cesar a lo largo de 40 niveles de destrucción creciente. Al alimentar al Gran Devorador con el caos de tu furia, recibirás fichas y el honor de afrontar desafíos aún mayores. Asegúrate de usar esas fichas con sabiduría, porque cuanto más grandes son las ciudades, más resistentes se vuelven los edificios.
Haz lo que haría cualquier sectario de pura cepa. Convierte la destrucción en ganancias. Gasta fichas en la tienda para obtener mejoras permanentes, poderosas bendiciones y reliquias especiales que harán que cada noche de devastación sea más lucrativa que la anterior. Recarga tus reliquias entre incursiones y observa cómo tu poder se multiplica como los intereses de una cuenta de ahorros realmente malvada.
Empuña el poder de las Reliquias, artefactos ancestrales que te otorgan habilidades que te transforman de un humilde sectario en un apocalipsis andante. ¿Acaso esas viejas reliquias polvorientas no te bastan? Elige una Reliquia que quieras conservar y sacrifica las indignas al Vacío. Imagínalo como un terrible intercambio de regalos... con un horror cósmico. ¿Sigues sediento de poder? ¿No puedes esperar a que aparezca el grandullón? Desbloquea a sus dioses menores, cada uno con efectos de estado elementales, espectaculares ataques especiales y valiosas monedas propias.
Mientras la boca abierta del terror sin nombre se cierra sobre la tierra, te das cuenta de que invocarlo nunca tuvo que ver con una vocación superior ni con riquezas materiales. Quizás simplemente estabas aburrido, y seguir a la multitud es fácil.
